Dentro de la comunidad de la sostenibilidad existe un amplio consenso en cuanto a la ecuación de Ehrlich, que establece la relación entre cuatro factores: población (P), bienestar económico (A – de la palabra inglesa “Affluence”), tecnología (T), e impacto ambiental (I). Las relaciones se expresan por medio de su conocida previsión de los impactos: I=PxAxT (publicada en The Population Bomb por Paul y Anne Ehrlich). Muchas personas consideran que se trata de una ecuación inmutable, y creen que no hay forma de romper con su empuñadura de hierro en la humanidad.
¿Cómo podemos liberarnos de esta ecuación del futuro de la humanidad? ¿Cómo podemos conseguir volver a escribir la ecuación para un futuro sostenible?
Un enorme reto del sistema global de la industria es el de mover la T (llamémosla T1) desde el numerador hasta el denominador (ahora llamémosla T2). Caben en esta categoría materiales renovables y reciclables, así como la energía renovable. Mientras las tecnologías pasan de T1 del numerador para formar parte del denominador T2, la ecuación cambia para leerse así:
I = P x A x T1 / T2
y se reducen los impactos (I).
A medida que T2 desplaza a T1, el futuro asume un aspecto bien distinto.
Pero, ¿qué pasa con la “A” en mayúscula, lo que significa afluencia? Sugiere que la afluencia sea un fin en sí misma, capaz de satisfacer “deseos” sin límites, en vez de “necesidades”. ¿Qué pasaría si convirtiéramos la “A” bienestar económico a una “a”, lo que significaría que la abundancia es un medio para llegar a un fin, pero no un fin en sí mismo?
Y ¿qué pasaría si los cambios en la sociedad y en nuestras prioridades permitiesen que se incrementase la felicidad sin necesidad de más y más abundancia? Entonces la ecuación, con el tiempo, podría evolucionar para convertirse en:
I = P x a x T1 / T2
Más felicidad con menos cosas, y todo fabricado de forma sostenible. Ahora tenemos la ecuación de impactos que sirve para crear un futuro sostenible. Cuando hablo de esto en conferencias, esta explicación siempre provoca una gran reacción – al público le encanta la idea de más felicidad, menos cosas. Entonces, ¿por qué nos encontramos en el lío del presente, en términos del medio ambiente y la sociedad? ¿Cómo saldremos de él?
El industrialismo –el sistema industrial del cual formamos parte– se desarrolló en un mundo bien distinto al que tenemos hoy en día: menos gente, más recursos naturales disponibles, estilos de vida más sencillos: menos cosas. Era perfectamente lógico explotar la naturaleza para aumentar la productividad humana– ¡hace 300 años!
Pero hoy en día, en un mundo en el cual hay una sobreabundancia de personas y una naturaleza escasa y en declive, la industria mueve, mina, extrae, quema, desperdicia, bombea y desecha cuatro millones de kilos de materiales para proporcionarlos a una persona de clase media en los EEUU, con lo que consume durante un año.
Con todo el mundo aspirando a alcanzar el nivel de vida de los EEUU, esto no puede seguir y seguir en un mundo finito; y es finito. Se ve desde el espacio que no hay más de lo que hay, y no hay nada más. El ritmo de consumo de materiales– el metabolismo del sistema industrial– ahora pone a riesgo la biosfera, y por lo tanto la salud de todos los seres humanos y la de los otros 30 millones de especies que comparten la biosfera con nosotros. Es algo a toda luz equívoco.
Cuando hablamos de la destrucción del medio ambiente, como “algo que no se debe hacer,” estamos hablando de lo que yo veo como un cambio de mentalidad, un sentido creciente de ética. El aumento de este sentido de ética puede ser el empuje que necesitamos para descubrir la forma de salir del enredo en el cual nos hemos metido.
En último término, lo ético –lo que debemos hacer– está impulsado por el interés propio consciente. El estudio de la ecología nos dice que formamos parte de la naturaleza; no estamos ni por encima, ni fuera de ella. También dice que lo que hacemos a la red de la vida, nos lo hacemos a nosotros mismos. La ecología industrial nos dice que el sistema industrial, tal como funciona hoy, simplemente no puede seguir y seguir y seguir, tomando, haciendo, gastando – abusando la red de la vida.
El sistema de la ecología industrial consume demasiado, extrayendo y degradando el capital natural de la Tierra para satisfacer deseos, no necesidades. Desperdicia demasiado. Abusa demasiado. Extrae cosas y fabrica cosas que acaban muy rápidamente en los vertederos o incineradoras –más desperdicia, más abusos, más contaminación. Me dicen que menos de 3% de lo que consume el sistema industrial tiene valor seis meses después.
Nosotros, los industrialistas, manejamos una máquina generadora de desechos. Todos somos parte del problema, o como productores, usuarios o consumidores.
Creo que el hecho de conseguir o no que nuestra sociedad sea sostenible depende totalmente y rotundamente de una nueva mentalidad que integra, de forma profunda, valores éticos. Son valores que, junto con el interés propio consciente, nos impulsan a tomar nuevas y mejores decisiones.
También creo que esto no ocurre de forma instantánea… ocurre una mente a la vez, una organización a su momento, un edificio, una empresa, una comunidad, una región, una tecnología nueva y limpia, una industria, una cadena de valor a cada momento… hasta que todo el sistema industrial haya sido transformado en un sistema sostenible, existiendo de manera ética y en equilibrio con los sistemas naturales del planeta, del cual todos los seres vivos dependen completamente. De nuevo, lo que hacemos a la red de la vida, hacemos a nosotros mismos.
Entonces, ¿qué pasa con este santuario de crecimiento y abundancia, el que alimenta las tecnologías extractivas, abusivas y lineales de las cuales hemos llegado a depender tanto? ¿Cómo podemos hacer el cambio? ¿Cómo podemos decidir si estamos avanzando o no hacia una sociedad sostenible? ¿Qué es lo que tiene que crecer? ¿Qué es lo que debe dejar de crecer?
Aquí unas ideas para estimular nuestra reflexión: Las tecnologías de menor impacto, aquellas que son beneficiosas (y que corresponden al denominador de la ecuación) deben crecer. Las tecnologías abusivas (del numerador) deben reducirse hasta desaparecer. La venta de servicios debe crecer. La venta de productos debe reducirse. El poder de la mente aplicado en este sentido debe aumentar. El poder de la fuerza bruta debe contraerse. La posición de mercado de empresas sostenibles debe subir. La de las empresas insostenibles debe bajar –hasta llegar a cero.
Cada uno de nosotros tiene un papel a jugar, porque cada uno de nosotros tiene poder. El poder para votar, con nuestro dinero y con nuestras papeletas. El poder para dar forma al comercio, con lo que compramos y lo que no compramos. Tenemos poder como individuos y de forma colectiva, como una comunidad de personas. Cada uno de nosotros hace elecciones, pequeñas y grandes, cada día. Esto es poder. Poder para cambiar el paradigma.
Para llegar a donde necesitamos llegar, tiene que haber un enorme cambio de mentalidad que conduce a un mandato colectivo y cumulativo: Menos cosas, más felicidad. Entonces, la ecuación de Impactos, revisado según hemos visto al inicio de este artículo, asumirá su lugar en el centro del escenario.
Ray C. Anderson era CEO y fundador de la corporación billonaria basada en Atlanta, Georgia (EEUU) Interface, Inc., y autor de Business Lessons from a Radical Industrialist.
El artículo fue publicado en inglés en internet en la siguiente dirección: http://www.environmentalleader.com/2011/05/24/more-happiness-less-stuff/
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